En la orillita donde vivía tenia todo todo lo que siempre le habría gustado tener, un montón de nenúfares para pegar saltitos por las mañanas en los estanques, había miles de bichitos que paseban por todo el borde del río, para que ella pudiera comer agusto y sin moverse y solo se preocupara por estirar la lengua y engordar... Todo estaba libre de pies, por si alguien alguna vez venía a esa orilla y le pisaba, nada de eso podía ocurrir en ese lado del río. La ranita era completamente feliz. Conocía a muchas más ranitas con las que compartía hueco en una flor, o croaban para asustar a una hormiga... Cada día que pasaba la ranita era más y más feliz porque no podía imaginarse otra vida mejor. Un día, cansada de nadar siempre bajo los mismos nenúfares en la charca, la ranita decidió irse a explorar, pero nunca encontraba nada que le hiciera tan feliz como en esa orilla del rio, y siempre, antes de llegar la noche volvía. Sus amigos ranitas le decían que fuera de ese lugar había muchos pies, y pocos bichitos para comer, la ranita nunca les hacía mucho caso, pero cada vez que salía a explorar volvía más asustada, hasta que un día, dejó de buscar nenúfares nuevos. Una noche, mientras croaba y croabaen el río, una libélula pasó por encima de su cabeza, la ranita la miraba asustada, porque no había visto otra antes, y no sabía si era un amigo o un enemigo. La ranita empezó a croar y a croar más y más fuerte para que la libélula se fuera, pero nunca lo hizo. Se miraban y poco a poco se tranquilizaban. El silencio se hizo en el estanque. La libélula le hizo una señal a la ranita moviendo las alas y empezó a volar. La ranita le miraba con los ojos bien abiertos y de repente la líbelula ya no se reflejaba en el agua, porque había cruzado a la otra orilla. La ranita la miraba y veía como se alejaba hasta perderla de vista. Pasaron los días y la ranita no podía imaginar que había pasado con la libélula que se fue a la otra orilla del río y empezó a pensar que si sería mejor cruzar el río o quedarse a vivir en la otra orilla para siempre... en este lado ella era muy muy feliz, y creía que no iba a ser feliz en otro sitio, pero a la mañana siguiente, en vez de croar, saltó.
martes, 17 de enero de 2012
La ranita
En la orillita donde vivía tenia todo todo lo que siempre le habría gustado tener, un montón de nenúfares para pegar saltitos por las mañanas en los estanques, había miles de bichitos que paseban por todo el borde del río, para que ella pudiera comer agusto y sin moverse y solo se preocupara por estirar la lengua y engordar... Todo estaba libre de pies, por si alguien alguna vez venía a esa orilla y le pisaba, nada de eso podía ocurrir en ese lado del río. La ranita era completamente feliz. Conocía a muchas más ranitas con las que compartía hueco en una flor, o croaban para asustar a una hormiga... Cada día que pasaba la ranita era más y más feliz porque no podía imaginarse otra vida mejor. Un día, cansada de nadar siempre bajo los mismos nenúfares en la charca, la ranita decidió irse a explorar, pero nunca encontraba nada que le hiciera tan feliz como en esa orilla del rio, y siempre, antes de llegar la noche volvía. Sus amigos ranitas le decían que fuera de ese lugar había muchos pies, y pocos bichitos para comer, la ranita nunca les hacía mucho caso, pero cada vez que salía a explorar volvía más asustada, hasta que un día, dejó de buscar nenúfares nuevos. Una noche, mientras croaba y croabaen el río, una libélula pasó por encima de su cabeza, la ranita la miraba asustada, porque no había visto otra antes, y no sabía si era un amigo o un enemigo. La ranita empezó a croar y a croar más y más fuerte para que la libélula se fuera, pero nunca lo hizo. Se miraban y poco a poco se tranquilizaban. El silencio se hizo en el estanque. La libélula le hizo una señal a la ranita moviendo las alas y empezó a volar. La ranita le miraba con los ojos bien abiertos y de repente la líbelula ya no se reflejaba en el agua, porque había cruzado a la otra orilla. La ranita la miraba y veía como se alejaba hasta perderla de vista. Pasaron los días y la ranita no podía imaginar que había pasado con la libélula que se fue a la otra orilla del río y empezó a pensar que si sería mejor cruzar el río o quedarse a vivir en la otra orilla para siempre... en este lado ella era muy muy feliz, y creía que no iba a ser feliz en otro sitio, pero a la mañana siguiente, en vez de croar, saltó.
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