Pensando en eso esta noche, con el corazón y el estómago hechos papilla, me digo que a fin de cuentas quizá sea eso la vida: mucha desesperación pero también algunos momentos de belleza donde el tiempo ya no es igual. Es como si las notas musicales hicieran una suerte de paréntesis en el tiempo, una suspensión, otro lugar aquí mismo, un siempre en el jamás.
Si, eso es, un siempre en el jamás.
No tema, Renée, no me suicidaré y no le prenderé fuego a nada de nada. Pues, por usted, a partir de ahora buscaré los siempres en los jamases.
La belleza de este mundo.
martes, 12 de octubre de 2010
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