Cuando un hada muere, el alma de un niño la acompaña. Y con ella se oyen marchar inocentes risas e ilusiones puras, que no volverán.
Cuando un hada muere, un hada nace en lo más profundo de los bosques. Y queda allí, por un ingrato recuerdo mantenido en su esencia, que la hace aislarse del llamado mundo real, sin saber de quienes no quieren creer más allá de lo que ven sus ojos.
Pobres ciegos ignorantes.
martes, 20 de abril de 2010
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