
No sabemos si será por sus calles, sus tiendas, su gente o simplemente la magia de ese lugar la que ha hecho que desde ese día estemos tan unidas. En realidad somos como un grupo de chicas normales, con nuestras pequeñas peleas de menos de cinco minutos, nuestros regalos inesperados, nuestros planes que siempre salen mal, nuestros secretos, nuestros amoríos, nuestras penas, nuestros sueños, nuestro cariño, y nuestras inmensas alegrías. Pero lo que realmente nos une es que somos más que amigas, somos como una pequeña familia en la que apoyarnos cuando no estamos bien y con la que disfrutar y sonreír durante todos los días de nuestra vida. Daríamos lo que hiciera falta las unas por las otras para salir adelante, y darnos la mano siempre que lo necesitemos pase lo que pase. Nos dimos cuenta de que esto no podía cambiar, ya no porque nos echáramos de menos ni nada de eso, que era evidente, sino porque nos necesitábamos. Espero que esa magia dure por miles y miles de años más y que algún día cuando seamos mayores, volvamos a tocar ese pozo, juntas y para siempre.







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